El miedo no siempre es malo, por eso existen el miedo racional y el irracional, eso hay que tenerlo claro ya que el miedo racional es el que nos permite alertarnos ante situaciones de peligro que ponen en riesgo nuestra vida, en cambio el miedo irracional es ese que se queda en nuestra mente cuando nos toca enfrentar situaciones de la cotidianidad.
Vamos a vencer las irracionalidades de la mente programando nuestros pensamientos, el miedo aparece en imágenes mentales que nos llevan a hechos que no han pasado pero donde nos vemos fracasar, cambiar esas imágenes es nuestro deber para conquistar nuestra mente y vencer ese miedo.
Puedes ir transformando tú mundo interno, tienes el control, pero debes ser fuerte, fiel a tú propia existencia, donde teníamos una mente en blanco y fué programada lentamente por nuestra familia, amigos, y gente que ni siquiera conocíamos.
Nuestra mente es permeable, pero depende de nosotros dejar entrar o no un pensamiento, haremos el trabajo de elevar nuestra consciencia a niveles en los que solo entra lo que verdaderamente sea de valía.
Todos somos ingenieros mentales, ya que creamos obras de arte en nuestra cabeza, podemos hacer lo impensable en la imaginación y así mismo destruir traumas, inseguridadades y cosas negativas, súbete a tu barco que eres el capitán, no dejes que tú mente naufrage en un mar de críticas, tiburones que quieren clavarte sus mentiras, manta rayas que quieren clavarte su amargura o pirañas que quieren devorar tu autoestima.
Hoy declara firmemente en el espejo, yo soy dueñ@ de mi vida, con autoestima y seguridad de película, eres el elemento del polvo de estrellas con energía y capacidad infinita de construir tú propio mundo y moldear tu caracter, es una odisea tú vida, y ves cómo en los rincones y espacios vacíos mentales vas construyendo un castillo de diamante imposible de derrumbar, y ante los tormentas jamás se caerá y alardearas que tú cuerpo y tú mente aguanta todo el tiempo para volverte la piedra preciosa que había escondida en tú interior y que salió a relucir solo con la presencia fina de alguien que reconoció lo que valia.
Autor: Juan Felipe Cas

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